Teatros

La Casa del Cine

En el segundo piso de un pequeño edificio colonial en República de Uruguay se encuentra un refugio para los amantes del cine.

Palacio de Bellas Artes

Durante su construcción, este colosal edificio fue testigo y actor de dos épocas de la ciudad de México. Los cimientos (forjados con técnicas de avanzada a base de concreto y acero) y fachada fueron proyectados durante el afrancesado ambiente que circundó al presidente Porfirio Díaz. Por el contrario, su interior fue rematado por los gobiernos posrevolucionarios que se oponían al clasicismo. La concepción inicial de Adamo Boari se fraguó con artistas extranjeros.

Teatro Blanquita

Una de las inquietudes posteriores a la Revolución Mexicana fue acercar la cultura al pueblo. En paralelo al muralismo, el teatro de revista promovió el rescate de la mexicanidad, lo indígena o lo prehispánico. El Teatro Blanquita fue heredero de esas carpas móviles; sus creadores, el matrimonio de Félix Cervantes y Margo Su, eran bien reconocidos en el medio.

Teatro Metropólitan

Este recinto nació como sala de exhibición cinematográfica, en el apogeo de la llamada Época de Oro del cine nacional. Actualmente funciona como teatro y sala de conciertos, y todo el año presenta espectáculos de calidad internacional. Vale la pena conocer el Metropólitan por sus cualidades arquitectónicas. La fachada tiene elementos art déco muy simplificados, que contrastan con el eclecticismo del interior.

Centro Cultural José Martí

Frente a este centro de difusión cultural se halla una escultura del libertador de América, José Martí. Elaborada en bronce por Ernesto Tamariz en 1975, fue colocada al inaugurarse este recinto. Cuenta con una biblioteca —solaz para los caminantes que requieren un rato de calma y concentración— y un teatro en el que se presentan grupos independientes. Asimismo, posee una sala de exposiciones temporales, además de espacios en los que se imparten cursos y diversos talleres para el público general.

Teatro Esperanza Iris / Teatro de la Ciudad

La recreación de su estilo neoclásico fue de la mano con la carrera de la actriz Esperanza Iris, quien era conocida como la Reina de la Opereta. Artista, empresaria y promotora cultural, mandó construir un recinto acorde con La Scala de Milán, el cual estuvo en funciones por más de cuarenta años. Luego de que el presidente Venustiano Carranza lo inaugurara en 1918, sus cortinas se corrieron para dar lugar a la zarzuela La duquesa del Bal Tabarín, que el público aplaudió sin descanso.

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