Plazas

Museo Nacional de Arte (MUNAL) y Plaza Tolsá / Antiguo Palacio de las Comunicaciones

Sobre los cimientos de lo que alguna vez fue el hospital San Andrés, se levantó el antiguo Palacio de las Comunicaciones. Terminado por el arquitecto Silvio Contri en 1910 en un estilo ecléctico —en tanto mezclaba elementos clásicos, góticos, renacentistas o modernos—, fue símbolo del progreso. Su modernidad se mostró en la manera de alternar las estructuras metálicas con los biselados, la piedra tallada, las herrerías fundidas en Italia, los estucos o las ondeantes formas interiores, tal como se alcanza a ver desde el Salón de Recepciones o del Patio de los Leones.

Plaza Santa Veracruz

Esta plaza es un pequeño oasis. Su serenidad emana tanto de su geometría como de los recintos que alberga. Su hundimiento respecto al nivel de la banqueta la aísla del bullicio, tanto como el silencio que emiten las portadas barrocas de Santa Veracruz y San Juan de Dios, que la resguardan por el poniente y el oriente. Mirando hacia el sur se hallan el Museo Nacional de la Estampa y el antiguo Hospital de San Juan de Dios, hoy Museo Franz Mayer.

Alameda Central / Hemiciclo a Juárez

De los jardines particulares medievales, consagrados al recogimiento y ascetismo, a los parques públicos destinados al regocijo, hay más que sólo siglos de por medio. La Alameda, el parque público más antiguo de la ciudad de México y del continente americano, transmite tintes renacentistas: la idea de pasearse, caminar o encontrarse con los otros es síntoma de que la capital novohispana nació con ciertos rasgos modernos.

Jardín de la Corregidora / Plaza 23 de Mayo / Plaza de Santo Domingo

A la Plaza Mayor seguía la de Santo Domingo. Con el imponente templo dominico establecido hacia el norte, la Aduana y el Palacio de la Inquisición al oriente, la capilla de la Expiación al poniente y las casas principales —como la del Mayorazgo de Medina— hacia el sur, esta plaza fue una estampa privilegiada. Durante el virreinato, en ella también se concentraron el poder religioso y político, los grandes comerciantes, además de que era un punto de encuentro para todos los grupos sociales.

Portales de Santo Domingo

Para mediados del siglo XIX gran parte de la población de la ciudad de México aún era iletrada, de modo que cuando necesitaba alguna carta o documento, recurría a los escribanos. Desde el siglo XVIII, en el Portal de Santo Domingo se han ubicado los llamados evangelistas o escribanos; tanto sus plumas y tinteros como sus computadoras fueron testigos de los cambios sucedidos bajo esos portales apuntalados en las austeras columnas toscanas de base ática.

Plaza del Colegio de Niñas, de la Ranita, o del Reloj Otomano

Como en otras plazas de la ciudad de México, en ésta también se construyó una caja de agua hacia mediados del siglo XIX, que serviría tanto a las residentes del Colegio de Niñas como a los vecinos en general. Hacia 1870, la plaza fue restaurada y rebautizada como Plaza Cinco de Mayo; se colocó una fuente esculpida en su centro, se arboló y se pusieron bancas bajo las sombras. Diecisiete años más tarde, todo fue retirado, los árboles cortados y se rebautizó con el nombre de Victoria.

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