Edificios Religiosos

Iglesia de San Hipólito y Casiano / San Judas Tadeo

Hasta mediados del siglo XIX, éste fue el límite poniente de la ciudad y, al menos en el imaginario, siguió siendo la salida a “tierra firme” más importante para los españoles.

Iglesia y Panteón de San Fernando

De este lugar partían los misioneros franciscanos a evangelizar, descalzos, el extenso y desconocido territorio nómada del norte. Del Colegio Apostólico de Propaganda Fide sólo quedó la iglesia, el panteón y una parte del edificio: un barroco mexicano de cantera y tezontle que tardó veintiún años en ser construido (1734-1755), y hasta la primera mitad del siglo XIX poseía una de las mejores bibliotecas y pinacotecas de la época virreinal.

Sinagoga Histórica Justo Sierra, Templo Nidjei Israel

La migración judía en México se remonta al siglo XVI, sin embargo, la creación de instituciones donde sin reparos podían anunciar sus creencias religiosas fue hasta el siglo XX, luego de que en 1912 fundaran la llamada Beneficencia Alianza Monte Sinaí, desde la que crearían redes de apoyo a los judíos.

Ex iglesia de la Encarnación

Aunque la Iglesia y Convento de la Encarnación fueron fundados por la orden de las concepcionistas en el siglo XVI, sus imponentes estructuras debieron restaurarse después, a causa del deterioro provocado por inundaciones, temblores y revoluciones sociales. Como la gran mayoría de las iglesias de monjas, sus dos entradas corren paralelas a la calle y rematan en una torre.

Templo y ex convento de la Enseñanza / Colegio Nacional

"En los terrenos de lo que fue esta soberbia construcción, se hallan actualmente el templo de la Enseñanza y el Colegio Nacional. La institución fue fundada por María Ignacia de Azlor, quien luego de recibir los hábitos en la Compañía de María —y una gran fortuna de su padre, el marqués de Aguayo—, decidió fundar una de las primeras escuelas para mujeres.

Parroquia de San Lorenzo Diácono y Mártir

"Este convento fue fundado en 1598 por iniciativa de Marina Zaldívar de Mendoza, una mujer devota, sin hijos, que decidió donar sus bienes para obras pías. Como muchos otros conventos de monjas, éste también fue reconstruido durante el siglo XVII. Los arreglos quedaron a cargo de los maestros en arquitectura Juan Gómez de Trasmonte y Juan Serrano; su patrono y benefactor fue un hombre llamado Juan de Chavarría, quien además de fortuna poseía reputación.

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