Salón Bombay: De cabaret a centro cultural
Por: Héctor Fabricio Flores
N50

Salón Bombay: De cabaret a centro cultural


En el Bombay se presentan los raperos más destacados de habla hispana.

En sus instalaciones de concreto y lámina casi no entra la luz natural. Eso no es raro para el Bombay que, ubicado en Eje Central y República de Ecuador, desde sus orígenes ha estado ligado al entretenimiento nocturno. Lo raro es que en este sitio que picó la curiosidad de José Luis Cuevas, Gabriel García Márquez, Fidel Castro y Ernesto El Che Guevara —se dice que ahí fue donde el poeta Renato Leduc le dijo a La Doña: ‘yo no quiero ser el señor de Félix’—, una noche de agosto, un mar de gente de entre 17 y 22 años la mayoría, se mueva al ritmo de proclamas raperas.
Donde antes brilló la lentejuela, ahora se usan camisetas holgadas, tenis anchos, cachuchas y pantalones guangos. Muchas de las chicas —acuden casi en igual número que los varones— tienen tatuajes, así como perforaciones en la nariz y el ombligo.
Si en los años setenta allí desfilaron en atuendos diminutos Sasha Montenegro y Leticia Perdigón, protagonistas de películas como Bellas de Noche —el Bombay fue uno de los escenarios del llamado “cine de ficheras”—, actualmente raperas como Ximbo y Jezzy P exclaman: “No nos importan ni el maquillaje ni las modas”.
Nacido como una “piquera”, un expendio popular de bebidas alcohólicas, el lugar fue cambiando de nombre y de giro. Primero se llamó La niña; después, El imperial, Río Rita y Shangai, hasta que en 1952 fue adquirido por José Luis García Contreras y re bautizado como Salón Bombay. Para entonces era un cabaret tradicional, con un escenario donde lo mismo se montaban pequeñas comedias que espectáculos con bailarinas en muy poca ropa; había bebidas, una orquesta, una pista de baile y un crooner, un cantante de voz grave que interpretaba baladas.
Con el tiempo, el concepto del cabaret perdió sus elementos, salvo la pista de baile, las mujeres con poca ropa y las bebidas; la música dejó de ser en vivo. Así surgió el oficio de las ficheras, quienes en 1960 cobraban 20 centavos por bailar una canción con un cliente y para fines del siglo pasado cobraban 20 pesos por canción o 100 pesos por sentarse con un consumidor toda la noche. Entonces se intentó transformar al Bombay en table dance, con poco éxito. El dueño decidió cerrar y rentar el lugar. Discotecas y antros se inauguraron y cerraron sin trascender.
La fama de este sitio llegó a tal que a la fecha aún “se asoman muchachas para ver si esto sigue siendo un cabaret. Me preguntan: ¿Cómo me ve? ¿Tiene trabajo?”, platica Tomás Brum, quien desde septiembre de 2011 renta el Salón Bombay.


El rapero T-Killa en un showcase que ofreció en el Bombay (2012).

RAYARTE, CENTRO CULTURAL
Tomás Brum, un entusiasta empresario y promotor de la cultura callejera, fundó hace un año en el local del Bombay un centro cultural.
Hace más de 20 años, Brum se sumergió en la cultura hip hop tras asombrarse con la maestría del grafitero Juan Carlos Argüello, Muelle. A su vuelta a México después de unos años en el extranjero, Brum pasó de distribuir productos relacionados con el grafiti y publicaciones especializadas, a independizarse, para darle espacio a los cuatro elementos del hip hop: rap, break dance, Dj’s y grafiti. En 1999 publicó el primer número de Rayarte y en 2000 abrió la tienda TT Caps, en Isabel La Católica 72, donde, asegura, se halla el más amplio catálogo de discos de hip hop de México. Dos años más tarde lanzó BlackBook.
En 2011, Brum conoció fortuitamente a Luis García hijo, quien administraba el Bombay desde la muerte de su padre, dos años antes.
A Brum le hacía falta un foro donde presentar a los artistas que promovía mediante sus negocios. La idea de renovar el legendario Bombay le atrajo de inmediato. Lo rentó y lo convirtió en el Centro de Desarrollo Social, Artístico y Cultural Rayarte, A. C.

LA NUEVA CRÍTICA SOCIAL
A un año de su renovación —que se cumple en este mes de septiembre­—, el Bombay ya está acreditado como un foro donde se presentan los raperos más destacados de habla hispana, y es punto de reunión para los amantes del hip hop.
El lugar se ha llenado a tope, con 350 espectadores, e incluso ha quedado chico para recibir a artistas de fama internacional como Alika, rapero uruguayo que va inclinándose al reggae, y El Chojin, referente del hip hop madrileño. Ambos se expresan contra el racismo y la injusticia social en canciones como “Ejército Despierta” e “Indignación”. También se han presentado Leazzy, Bastön, Yak Mag, así como  Caballeros del Plan G, que en compañía de Control Machete y Sekreto colocaron su tema “En el camino” en los principales canales de videos musicales de Latinoamérica; Faltosos Crew, que estrenó una canción de apoyo al movimiento #YoSoy132; Mc Luka, que escribe letras a partir de sus vivencias diarias y le dedica una de ellas a “todo el que es padre y se esfuerza”.
Para Brum, “no es que los jóvenes se estén alejando de la música nacional, sino que ahora hay diversidad... Muchos de mis clientes vienen a escuchar rap y a las doce o doce y media se van a seguir la fiesta a la Plaza Garibaldi con mariachis y tequila”.
Admirador de cantautores como Silvio Rodríguez y Joan Manuel Serrat, Brum encontró en el hip hop “la crítica a la sociedad que ya no hay en el punk, la trova, el rock ni la música electrónica... Eso les llama la atención a los jóvenes”, asegura.
En palabras de Guerrillerokulto, quien se presentó en el Bombay recientemente, el hip hop está hecho de “canciones que nos hagan pensar más allá de lo material”. El mensaje es uno de los principales atractivos del rap, que se compone de un discurso enunciado rítmicamente, incluso sin acompañamiento.


En Eje Central y Ecuador, “el hip hop llegó para quedarse”.

EL LUGAR DEL HIP HOP
No sólo hay conciertos. Hay clases de swing los sábados al mediodía, y de break dance, los miércoles, con el grupo B-boys. Esto, sobre el mosaico donde estaba la pista del viejo Bombay, la cual ahora se exhibe como una reliquia.
También hay clases de percusiones, los lunes, y talleres de poesía y de narrativa, los martes.
Sobre los múltiples espejos de la época en que el Bombay se acondicionó como table dance, se exhiben ahora decenas de obras de grafitti realizadas con pinceles de aire, pasteles y lápices de colores. Son parte de la colección que Brum ha formado en sus 12 años como editor de Rayarte.
Resaltan figuras fantásticas con ligeros rasgos humanos sobre fondos de colores vivos; las firman Peque, Humo, Kubo y Mone, entre otros.
También se ofrecen servicios de tatuado y perforaciones.
“Algunos días, sobre todo los domingos, no vendo alcohol para que pueda entrar gente de todas las edades”, explica Brum. De lunes a sábado hay cerveza, mezcal de Oaxaca y pulque artesanal de sabores traído de Actopan, Hidalgo, además de refrescos y botanas. Los hot dog son la especialidad de la casa.
A decir de Onek Herrera, uno de los líderes de Crew cdf, agrupación que hace poco celebró en el Bombay sus doce años de vida: “Éste (el Bombay) es el lugar más importante de hip hop en el DF”.
En la esquina de Eje Central y Ecuador, sentencia por su parte Brum, “el hip hop llegó para quedarse”.


ANIVERSARIO HIPHOPERO

Para celebrar su primer aniversario, el nuevo Salón Bombay ofrecerá una noche mexicana el sábado 15 de septiembre, pero el programa de festejos va más allá.
Viernes 7: Zombie Fest 2012. Se exhibirán películas y objetos representativos de la cultura zombie.
Sábado 8: Concierto de Eptos Uno, artista de hip hop. 12hrs. 85 pesos. Todas las edades.
Jueves 13: Noche Mexicana de Narrativa.
Viernes 14: La orquesta de salsa y música tropical Nelson Candela se presenta junto con Los Lunáticos, grupo de rockabilly, a partir de las 22hrs.
Sábado 15: Aniversario del Bombay, noche mexicana.
Jueves 20:  Evento de hip hop "Pulpo Garage”. Se crearán grafitis y estampados de cultura callejera para camisetas, 16hrs.
Domingo 23: Evento anual de hip hop femenino del colectivo Mujeres Trabajando, desde las 12hrs, con la presencia de Jezzy P, Ximbo, Guari, Gaby Loaeza y Laryza, entre otras raperas, Dj’s, grafiteras y B’ girls de todo el país, con invitadas extranjeras.

 

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