Casa de la Memoria Indómita, donde la violencia de Estado no se olvida
Por: Patricia Ruvalcaba
N48

Casa de la Memoria Indómita, donde la violencia de Estado no se olvida


Una de las salas recalca la angustiosa espera por los desaparcidos.

“La oscuridad engendra la violencia / y la violencia pide oscuridad / para cuajar el crimen (…) Recuerdo, recordamos. / Ésta es nuestra manera de ayudar / a que amanezca…”.
Esas líneas de Memorial de Tlatelolco, el poema de Rosario Castellanos (1925-1974), resumen en buena medida el espíritu con que el Comité ¡Eureka!, liderado por la activista Rosario Ibarra de Piedra, acaba de abrir la Casa de la Memoria Indómita, en Regina 66.
El espacio está dedicado a la difusión y comprensión de ese oscuro periodo en que el Estado mexicano practicó la persecución política y la desaparición forzada como formas de eliminar todo tipo de oposición.

“¿QUÉ PASA SI NOS MORIMOS?”
En la oscuridad, un gran y delicado candelabro emite un brillo mate. Cambios en un tenue haz de luz que cae sobre él, hacen que pulse, como si tuviera vida. La pieza se llama Apariciones (2012), es de Said Dokins y fue hecha con cientos de láminas de acrílico. En cada lámina está escrito con tinta fluorescente el nombre de una persona desaparecida y la fecha de su desaparición. El efecto estético de la pieza refuerza el mensaje de fondo: la esperanza de hallarlos vivos persiste.
Apariciones es una de las exposiciones temporales con que inaugura sus actividades, pero con ese tono sincero, creativo y elegante se desarrolla toda la museografía de la Casa de la Memoria Indómita, llamada así porque se busca que sea un espacio “vivo, indomable, nunca domesticable, persistente”, explica Aimé Jezabel, responsable del archivo y guía.
En 1977 se constituyó el Comité Pro-Defensa de Presos Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México, hoy Comité ¡Eureka!, integrado por madres y familiares que exigían la presentación con vida de sus seres queridos desaparecidos. Hoy, 557 casos siguen pendientes.
Después de décadas de lucha, algunas de esas “doñas” —como se les llama de cariño— habían muerto; otras estaban enfermas. Entonces se preguntaron “¿Qué pasa si nos morimos?”, “¿cómo nos quedamos?”. Así nació el proyecto de abrir un espacio de sensibilización, difusión, estudio, denuncia y demanda, cuenta Jezabel.


Mural del colectivo Lapiztola.

LA SALA DE ESPERA
Con videos, audios, documentos e instalaciones artísticas, el recinto documenta e ilustra la Guerra sucia, las matanzas del 2 de octubre de 1968 y del 10 de junio de 1971, los sufrimientos de las víctimas y las estrategias represivas del Estado, las batallas de los familiares de los desaparecidos, las demandas pendientes, así como las secuelas actuales del fenómeno. Esto, en cuatro salas de exhibición permanente ubicadas en el primer piso, y varias temporales.
Especialmente estremecedor es el espacio que recrea una sala de estar típica de los sesenta-setenta —“como la de cualquiera de las doñas”— donde la quietud de las vitrinas, el sofá y las carpetas bordadas recalca la angustiosa espera por los hijos o esposos desaparecidos, cuyas fotos cuelgan de las paredes o reposan sobre los muebles.
“Se intentó hacer una propuesta sensitiva, que pudiera apreciarse de manera cercana”, anota Jezabel.
Una sala más está dedicada a las luchas del Comité ¡Eureka! y a sus logros, como la amnistía conseguida mediante una huelga de hambre en 1978 o el haber roto el mito, en el ámbito internacional, de que el Estado mexicano respetaba los derechos de los ciudadanos.
También se expone la evolución del movimiento desde su etapa inicial, de lucha política, a la actual, de dimensión social. Así como las estrategias de grupos aliados más jóvenes —como H.I.J.O.S. México— para mantener el tema en la conciencia colectiva.
“No busques lo que no hay: huellas, cadáveres / que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa, / a la Devoradora de Excrementos”, dice otro fragmento de Memorial de Tlatelolco. Pero la Casa de la Memoria Indómita no se rinde; todo lo contrario.


RECORDATORIO EN PLENA FIESTA

La Casa de la Memoria Indómita se instaló en un edificio propiedad del gdf cedido en comodato en 2005 al Comité ¡Eureka! El edificio, de 1923, fue remozado por el Fideicomiso Centro Histórico de la Ciudad de México.
El hecho de que se haya instalado en el corredor cultural peatonal Regina —vía caracterizada por su talante festivo, emblema del proceso de recuperación del Centro— pone un nuevo ingrediente a la vida de la calle.
Organizaciones civiles y organismos de derechos humanos nacionales e internacionales han señalado que la desaparición forzada se practica ahora en México en los contextos de la guerra contra el crimen organizado — los levantones, por ejemplo—, los feminicidios o la trata de personas.
Para crear conciencia sobre estos problemas, en el mediano plazo la Casa de la Memoria Indómita contará con un programa de conferencias, seminarios y talleres, así como un archivo especializado, un cineclub, una tienda y un café. Por ahora, ofrece el servicio de visitas guiadas, de una a 20 personas, bajo reservación.


Casa de la Memoria Indómita
Regina 66, esq. 5 de Febrero.
M Isabel La Católica.
Visitas guiadas: Jue-Dom, 11 y 16hrs., con cita. Cooperación voluntaria. 
Informes y citas: 5709 1512 y casadelamemoriaindomita@gmail.com

 

Regresa a la sección Cultura.

Consulta las notas de Cultura de nuestros últimos números:

N47 Videoteca DocsDF, paraíso para documentalómanos

N44 Cápsula de tiempo

N43 La Merced, refugio multicultural