Alhóndiga
Por: Lydiette Carrión
N25

Alhóndiga


La calle debe su nombre al granero que funcionó allí hasta el siglo XVIII.

Oscurece. Es cualquier fin de semana en la minúscula calle de Alhóndiga. La calle deja de ser un centro de compras para peluqueros y estilistas y recupera su olor a barrio viejo de la Ciudad de México.
En la penumbra, unos niños sacan sus bicicletas. A unos pasos, en la plaza homónima, unos jóvenes juegan frontón. Se escucha la radio desde alguna casa. Sólo queda abierta la tienda de abarrotes, donde unos clientes toman un refresco banquetero.
La calle de Alhóndiga es discreta.
Enclavada en el oriente del Centro Histórico, entre Manzanares y Corregidora, forma parte del barrio de La Merced.
Aquí se pueden observar las construcciones austeras y sólidas de los primeros siglos de la época colonial. Quizás sean menos ostentosas que las del poniente del Centro, pero son más raras, pues hasta nuestros días han llegado muy pocas de ese periodo.
Entre ellas destaca la Alhóndiga, que data de 1573. Su primera función fue la de granero, pero en el siglo XVIII pasó a manos de la Arquidiócesis, que lo utilizó para recibir los diezmos. Actualmente el edificio está cerrado al público.
Frente a la Alhóndiga se encuentra el puente de Roldán, que durante la Colonia y hasta finales del siglo XIX fue el principal puerto interior de la Ciudad de México. Allí paraban los vendedores de los tianquixtli (tianguis) para surtirse de granos en la Alhóndiga; también allí descargaban sus hortalizas embarcaciones provenientes de Xochimilco.
Dos de la tarde de cualquier día de la semana en la calle de Alhóndiga. Prevalecen las mujeres, y los hombres jóvenes que vienen a comprar tenazas, planchas, tintes para el pelo, tijeras, peines, cepillos, champús, acondicionadores; o bien acrílico, esmaltes removedores de cutícula o planillas para decorar uñas.
La mayoría de los compradores son chilangos. Muchos no pueden negar su vocación de peluquero: son jóvenes de jeans entallados, cejas hiperdepiladas, cabelleras profusamente tratadas y cortes audaces.
La calle Alhóndiga adquirió esta vocación desde 1985, cuando el señor Paulo Carranza de Montoya colocó la primera perfumería, Miss Universo (actualmente La Belleza). Al poco tiempo la calle y los alrededores se llenaron de tiendas similares.
En 2009, el gobierno de la Ciudad concluyó las obras que convirtieron en peatonal el corredor que forman las calles de Santísima, Alhóndiga y Talavera. Esto, con la intención de mejorar las condiciones urbanas y hacer visibles monumentos históricos de gran importancia, como el templo de la Santísima Trinidad (1677), el ex convento de La Merced (1616), el centro cultural Casa Talavera, que pertenece a la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, y la propia Alhóndiga.
En ese mismo año también se hizo una modificación escenográfica a los edificios de alrededor de la plaza, para la filmación de El atentado, una película de Jorge Fons ambientada en los años previos a la Revolución Mexicana. Las fachadas se retocaron y terminado el rodaje, los vecinos decidieron conservarlas así.
La calle y la plaza de Alhóndiga son durante el día un concurrido centro comercial de productos de belleza. Por la noche, recobra su sabor de barrio viejo, que vive y respira en la semioscuridad.

Bibliografía: L. B. Simpson, Muchos Méxicos, Fondo de Cultura Económica, 1941.