Postales heladas

A la escarpada silueta que conforman la bandera, las torres y las cúpulas de Catedral, se suma la fronda sintética de un árbol de Navidad. Una sombra se desliza, ágil y cortante, sobre la placa de blancura extendida como betún sobre la plancha. Los niños juegan al glaciar, al iglú, a confeccionar el más efímero de los muñecos. El frío le hace los mandados a un visitante que contempla este invierno alpino  desmontable. De noche –ni modo– el árbol le arrebata protagonismo al lábaro patrio, con su cónica cascada de luces.