Bancas

Desde hace dos meses, silenciosa y paulatinamente, han ido apareciendo en calles, plazas y callejones.
Creadas para la exposición Diálogo de bancas, que se inauguró en las aceras del Paseo de la Reforma en 2006, son obra de diseñadores industriales, artistas y arquitectos de México y siete países más.
De las 71 piezas que conformaron la exposición, en 2009 el Fideicomiso del Centro Histórico de la Ciudad de México adquirió 56, cuya instalación concluyó en octubre pasado. Km.cero hizo un recorrido de Bellas Artes al Zócalo para ver cómo  se las ha apropiado la gente.

“PENSÉ QUE ERAN ADORNOS”
“Se sienta gente de todo tipo, hasta se duermen. Pero la verdad yo pensé que eran adornos”, dice Julio, de 53 años, sorprendido al enterarse de que Tapete volador es una banca.
La pieza, de la artista austriaca Ilse Gradwohl, es de acero pintado de rojo. Por sus formas curvas y sus dimensiones (4.65 x 0.81 x 1.20m), quien se sienta puede tumbarse a tomar el sol mientras ve la fachada del Palacio de Minería.
Colocada en el callejón Marconi, funciona además como un gran juguete: los niños se deslizan sobre ella y la rodean. Tal es el caso de Mimí, de dos años y medio. Sara Mondragón, su madre, sugiere: “Deberían poner más. Están creativas. En el Centro debería haber juegos para los niños, más bancas, sombra… para que la gente descanse y contemple los edificios. A mi hija le fascinaron”.
A unos metros del Tapete…, a un costado de la Plaza Tolsá, está La platicadora, del alfarero mexicano Alberto Díaz de Cossío. La pieza está compuesta por seis bancos de acero oxidado conectados por tubos en forma de u; los asientos son de cerámica a alta temperatura. Ahí, la familia Hernández, avecindada en el Centro, se sienta a descansar, mientras agradece por fin encontrarla desocupada.
Muy cerca de allí, en el callejón De la Condesa, que comunica Tacuba con Madero, está la pieza Sin título, del pintor oaxaqueño Sergio Hernández, quien la realizó con bronce para que pareciera una banca de una iglesia colonial.

EN EL ZÓCALO
Como un contrapunto a la aridez del Zócalo, Sentados sobre la hierba, de Ana María Lozada Alfaro, se sitúa a una cuadra de la plancha, en 1ª cerrada de 5 de Mayo. Sus puntiagudas tiras de acero pintado de verde evocan pencas de maguey. Aquí la sombra es constante, lo que se agradece, pero el mal olor hace pensar que también hacen falta baños públicos en el Centro Histórico.
En el Portal de Mercaderes, en el perímetro del Zócalo, hay tres piezas más, muy concurridas. Cada 10 o 15 minutos alguien se levanta, y en un parpadeo el asiento ya se ocupó. Y es que el Zócalo, como el Centro en general, carece de bancas suficientes, de ahí que la gente descanse sobre banquetas, pretiles o jardineras.
“Luego uno busca donde sentarse y no hay”, dice la paseante María Fonseca, de 62 años.
Gracias a los arcos, las bancas del portal gozan de sombra. Cerca de la esquina con 5 de Febrero está Banca, banca 3, de acero inoxidable y con techo de dos aguas, que acoge hasta a doce personas; es obra del arquitecto Bernardo Gómez Pimienta. A cinco metros de distancia, hacia Catedral, está Anchor, city bench, de Luis Vicente Flores Suárez, geométrica y plateada.
Y cerca de la esquina con Madero está Para los que saben dar tiempo al tiempo, de la escultora griega Marina Lascaris, realizada en bronce y decorada con grietas.

PARA TEJER O BESARSE
Tú, yo, ellos es el nombre de una banca situada en la Plaza del Empedradillo (Guatemala y Monte de Piedad, a un costado de Catedral). Obra de Horacio Durán Navarro, consiste en cuatro asientos dispuestos en línea e intercalados; dos miran hacia el Zócalo y dos, hacia Guatemala.  Viajeros nacionales y extranjeros la usan para acomodar su equipaje o para esperar el Turibús, cuya parada está a unos cuantos metros.
Un poco fuera de ruta, en la calle de Regina casi esquina con Isabel La Católica, una banca roja se ha convertido en punto de encuentro de un grupo de tejedoras que durante horas intercambian puntadas, risas y penas, además del almuerzo.
Belleza y utilidad en uno, las nuevas bancas del Centro sirven para todo: una siesta, unos besos, mirar a la gente, escuchar música, tomarse un respiro, fumarse un cigarro, comerse un helado o jugar a las escondidas.

En el Callejón Marconi y Plaza TolsáEn el callejón de la CondesaEn la primera calle de GuatemalaEn la calle de ReginaEn el Callejón de 5 MayoEn el Portal de Mercaderes, frente al ZócaloEn la Plaza Tolsá