Manito, manita

Manito, manita

20 Enero 2016
18:00
Por: 
Jesús Rodríguez Petlacalco

Hay palabras que merecen honores, y ésta, a mi parecer, es una de ellas, nada más por ennoblecer un sustantivo, ya de por sí noble, que es el de hermano o hermana.

Si uno busca en el diccionario la palabra manito, o manita, encuentra lo siguiente: “Méx. fam. Tratamiento de confianza que se emplea para dirigirse a hermanos o amigos”, lo que nos dice, de entrada, que se trata de una expresión netamente mexicana, aunque ¿propia de que región? está por verse.

Decir manito o manita no es cualquier cosa, y aunque algunas personas pueden verlo como una manifestación lingüística propia del lumpen o del populacho, lo cierto es que cuándo alguien la externa, suele ser sincera y de corazón, dependiendo la circunstancia.

A mí, usarla me fascina, sólo de ver el poder que tiene. Regularmente recomiendo a amigos que, cuando estén en la marabunta de alguna tienda que se precie ser del Centro por sus tumultos de compradores,  se dirijan a la dependiente con un suave y cordial “manita”, y verán cómo la amabilidad sucede casi cómo aquella metáfora de Moisés al ver abrirse el Mar Muerto frente a sus ojos. Esta acción efectivamente funciona, y usted recibe, la mayoría de las veces, un: “permíteme manito”, y de ahí la amable atención. Si no lo cree, compruébelo usted mismo,  sólo que sea natural para que no se vea forzado.

Según la persona que nos la diga, o a quién la externemos, aumenta la importancia del gesto, no es lo mismo un manito, que un manto o hasta un a’nto y si ésta se dice alargando la pronunciación de la n, tipo mannnnto, siéntase halagado, el gesto es aún más genuino.

Cómo ésta, existen otras voces similares, mismas que han tenido su época de esplendor, cómo el carnal, que incluso puede usarse en tono amenazante, tipo: “bájale carnal”,  cosa que no sucede tan a menudo con nuestra palabra homenajeada.

También el “bro” o el “sis”, que se usan como abreviaciones locales de un anglicismo que viene del brother o sister  (hermano, hermana) aunque es más usual entre jóvenes,  mientras el manto, manta es dicho por todas las edades.

Su uso se aplica estrictamente al singular, en plural es muy raro escuchar que alguien diga, “manitos”, “manitas”, cómo lo dijimos desde el principio, habla de un asunto personal, directo, marcado por la sencillez y la nobleza. 

Haga usted un repaso mental para ver cuando fue la última vez que alguien le habló utilizando esta expresión, y trate de recordar el sentido que le dio al trato con aquella persona, o viceversa, cuando se dirigió a alguien con tan preciada mención.

Si no la ha usado, ¡úsela! verá que bonito resuelve, notará usted en el rostro de la gente cierto asombro y gratitud, no tenga miedo, el hablarla no lo convertirá en algo o alguien indeseable, ni caerá en los confines de lo corriente, como equivocadamente se piensa, simplemente ejercerá usted el valor del idioma y el poder de su apapacho, asunto que realmente necesitamos.

Qué tal que a partir de ahora, a toda persona que se encuentre usted en la calle, acelerada, y hasta agresiva (que cada vez los son más) cédale el paso con un espontáneo, pásale manito, o pásale manita.

Haga el ejercicio de llegar a sus sitios de costumbre saludando con un: hola manito, u hola manita. Seguido de un ¿cómo estás? que también tanta falta nos hace, verá que casi, cómo efecto de musical de Broadway, el trato comenzará a ser más benévolo.  Y no se asuste si alguien le hace muecas a manera de desagrado, más bien, sepa dónde y con quién usarla.

Bella palabra que reconcilia, que hermana en el trato cotidiano y que disfruta de la manera mexicana de hablar en diminutivo, tal vez, cómo parte de la herencia del hermoso idioma náhuatl que en los diminutivos engrandece sus significados.