Estudiar La Merced

Estudiar La Merced

13 Marzo 2015
18:59
Por: 
Jesús Rodríguez Petlacalco

¿Cuántos barrios del mundo pueden preciarse de ser objeto de estudio a través de un seminario propio?

La Merced lo tiene. Nuestro amado y generoso barrio ha dejado de ser sólo ese limitado referente de comercio, gente, empujones y hasta uno que otro estigma.

Hoy, el barrio de la Merced goza y comparte su invaluable riqueza cultural y, en este caso, lo hace desde un espacio dónde se comunica el conocimiento acerca de uno de los escenarios mercedarios más nobles y emotivos:  la historia de sus migraciones.

A finales del año pasado, recibí una llamada de mi estimada Mónica Unikel, encargada de la Sinagoga Histórica de Justo Sierra, para invitarme a una reunión con su equipo y el Dr. Carlos Antaramian, prestigiado investigador del CIESAS (Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social).  Ese primer encuentro nos llevó a visionar muchas maneras por medio de las que la Merced debería estudiarse. Nació entonces el Seminario de Estudios Históricos de nuestro barrio.  Ese día, salimos de la sinagoga y caminamos como niños, emocionados y soñadores de posibilidades  por las calles de tan singular espacio.

Más adelante, se integró el Dr. Carlos Martínez Assad, investigador de la UNAM y entonces llegaron especialistas en Historia, Antropología, Ciencias Sociales, entre otros. Para antes de la primera sesión al público, programada en enero de este año, ya se habían subido a este fascinante barco instituciones como el PUEC (Programa de Estudios Universitarios sobre la Ciudad) de la UNAM y el INAH, a través del Museo Nacional de las Culturas, recinto que de manera generosa se ha convertido en sede de nuestras conferencias mensuales, mismas que serán dictadas por investigadores especializados nacionales e incluso extranjeros.

¿Qué hay en común en todos estos actores? En primer lugar, una sonrisa de gran satisfacción, resultado de formar parte de este proyecto al que nos convoca la Merced en una empresa social que nace de una iniciativa netamente ciudadana, capaz de hacer confluir un compromiso interinstitucional. Como verán, ahora la Merced también es zona de abasto y de distribución social de conocimiento.

Entre los temas que iremos compartiendo a lo largo de este 2015,  en un interesante ciclo de conferencias enmarcadas bajo el lema: La Merced, puerto de entrada, mismo que evoca la vocacion genuina mercedaria, que por una parte, fue embarcadero de llegada para cientos de mercancías siglos atrás, y en el sentido metafórico, el fungir como puerto y puerta de entrada para cientos de inmigrantes que desde el siglo XIX y principalmente en la primera mitad del siglo XX, tuvieron en este lugar su primer contacto con nuestra bondadosa tierra. 

Cada mes, desde este bastión del patrimonio cultural citadino, se hablará de aquellos grupos socuales que se han re inventado aquí  a través de los siglos. Franceses, judíos, libaneses, armenios, españoles y todo el mosaico multicultural de las migraciones nacionales, tanto mestizas cómo indígenas, son parte del banquete temático que busca complementarse con la futura publicación de textos y el montaje de una exposición conmemorativa, que deseamos sea itinerante y lleve la Merced a otros sitios.

Fotografía: Familia Albin / Boda en la Sinagoga de Justo Sierra 71, fam. Noznik.

Quienes amamos a la Merced y hemos trabajado por un entendimiento inteligente, sensible y respetuoso de sus valores, celebramos este suceso. Recuerdo que hace años, para el desarrollo de diversos programas educativos que implementamos en Somos Patrimonio México, A.C. en la zona, invitamos a diversos recintos ubicados en las calles de Moneda, Academia y Lic. Primo Vedad, a ser sedes de nuestras actividades. Nos recibieron muy  amables y logramos concretar las mismas en varios de ellos, pero nunca resolvieron la duda de ¿nosotros en la Merced? cómo si este hecho les llevará a convertirse en marchantes. Ahora, estos recintos se enorgullecen por abrirnos sus puertas y disfrutan asumirse como parte del inagotable contexto monumental, artístico, social y cultural local.

Una vez más, la Meche se pone guapa y dadivosa desde la óptica de la diversidad como tesoro propio, exaltando su carácter incluyente. El proyecto ha sido recibido con beneplácito por académicos especializados, nos llena de gusto al ver en las  actividades gran cantidad de caras jóvenes de estudiantes y vecinos del Centro Histórico, compartiendo el interés y aprecio por nuestra herencia.

SIempre hemos dicho que no hay una Merced, hay varias, y ésta es una de ellas. Es aquella que se ha escrito desde distintas formas de entender el mundo, que ha hablado, rezado  y escrito en más de un idioma. La que ha ha sabido abrazar, cobijar y alimentar en sus vetustas y maternales vecindades, la que caminaron hombres y mujeres que comerciaron de puerta en puerta antes de establecerse en un puesto semifijo o local comercial. Es la Merced del respeto por las creencias religiosas de los demás, la que ha cocinado con ingredientes del mundo su historia gastronómica. La que estuvo, se fue y regresa renovada a fuerza de atesorarse así misma y compartirse como desde el incio de sus días.

Nuestros antepasados deben estar muy complacidos con esta iniciativa. Los hijos de Hichilopochtli, los de Dios Padre, los de  Alá, los de Moisés y los que faltan.

Estudiar sus pasos, apreciar su enseñanza, aprender sus historias, siempre nos hará mejor sociedad, sobre todo cuando este aprendizaje se conforma de materias que nos recuerdan que la solidaridad, la confianza, la camaradería, la palabra, la negociación, el liderazgo, la valentía, la perseverancia, el esfuerzo, el trabajo, la sencillez, la humildad, y sobre todo, la gratitud, han sido vitales en la construcción  de mejores futuros en un pasado, y vaya que la Merced lo sabe. Entonces ¿porque no? re aprender y aplicar los mismos para la construcción de un futuro más deseable ahora, al fin, no será ni la primera, ni la ultima vez que nuestro amado barrio lo aprecie.

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