Iris hace sala

Iris hace sala

16 Junio 2016
16:10
Por: 
Gabriel Rodríguez

¿Soy yo mi nombre o soy yo una persona que lleva ese nombre?
¿Soy yo Iris o solamente me llamo Iris?

Y si solamente me llamo Iris, ¿quién soy yo?
Iris Leqel

Las ciudades tienen que ver con los opuestos, vinculados a lo efímero y a lo permanente, a lo perdurable y lo etéreo. En el devenir de las sociedades, los habitantes vamos dejando huellas en las que se tocan raíces de las identidades cotidianamente. La Ciudad de México no ha sido la excepción, y aquí también se da el encuentro de lo íntimo al calor de los reflectores y las miradas, vibrando entre muros que contienen la oscuridad necesaria para que tengan lugar los espectáculos y entonces, aquello sea cosa pública. Nada más ritual que representar para otros los mitos, las aventuras y los problemas resueltos. Al hacerlo a través del cuerpo se le llama teatro, y las reglas de la representación pueden ser las más elásticas y permisivas pero también las más rigurosas, para crear la identificación del espectador que experimentará en su interior lo que sucede en las tablas. La vida en sociedad se establece aprendiendo gestos, modales y conductas que forjan códigos y caracterizan personajes a través de los objetos. Afuera de las aulas escolares, la teatralidad busca dirigir las miradas y se encuentra en todas las formas culturales, pero cuando se concentra bajo la luz, nos abraza el ensueño del espectáculo.

La dramaturga canadiense Dominick Parenteau-Lebeuf ya tenía un lugar en las letras en Quebec por sus obras inteligentes, duras, graciosas y poéticas, cuando fue invitada en 2006 a escribir una pieza para un público infantil acerca del crecimiento: Iris hace sala. Se planteó abordar su historia desde la visión de una hipotética hija suya de siete años de edad, que le permitió encontrar una escritura liberadora para hablar de ella misma y de su memoria familiar. En las artes teatrales, los pequeños gestos provocan procesos que contagian a otros con una puntualidad invisible. La traducción esmerada de la actriz y profesora Violeta Sarmiento y su tenacidad en la búsqueda de colaboradores, permitió conocer una brillante pieza teatral que indaga en las esencias universales y desde una gama de referentes. La trama es interpretada por Patricia Yañez, joven actriz universitaria que ha mostrado ya sus enormes recursos en puestas en escena en el último lustro, con proyectos universitarios de Teatro UNAM e independientes con el grupo El coro de los otros.

El grupo de artistas que reunió la producción del Instituto Magia, ha generado química artística. En el diálogo musical está el pianista y productor Carlos Cuevas Cerón, experimentado músico que ha recorrido estudios y escenarios del mundo produciendo discos. En esta ocasión, es el encargado de aportar el pulso musical con el que está tejida la adaptación, dirigida por la propia Violeta Sarmiento, a la sazón integrante de la Compañía Nacional de Teatro, y quien aportó al universo literario de las palabras y la fuente de significados del diccionario, las dimensiones sonoras y musicales, así como las coreografías de un repertorio gestual trabajado con el coreógrafo Antonio Sarmiento. Los flujos de la luz diseñados por Patricia Gutiérrez, envuelven las escenas aportando la geometría y la temperatura justa para acariciar y dar vida al vestuario de Mariana Gandía y a la escenografía creada por Michel Cuvellier, cuyos atriles están cubiertos de plantas en un jardín en el que cabe un piano, con hongos en escala y libreros que esconden secretos y libros rebosantes de sabiduría en reposo, junto a tazas humeantes que crecen y se multiplican.

La estrategia de dar a los actos un tema que se vincula a una sala respectivamente, hace que el relato vibre con dilataciones de tiempo y explosiones de energía que culminan las preguntas de cada etapa del recorrido, en el que se asoman y toman parte temas musicales de la banda Expresso doble. Iris se pregunta sobre el nombre y su importancia en la personalidad de quien lo porta y descubre que el lenguaje es esencial para empoderar a quien lo articula. El desapego y el cariño por su abuela, la llevan a trascender la muerte como un pasaje inevitable que desemboca en el crecimiento. La niña aprende que el humor es un antídoto poderoso contra el dolor y entrevé en un horizonte, la maternidad y la creatividad como componentes de la reinvención femenina.

Hacer sala, reunirse, abrir las puertas del hogar y recibir a distinguidos invitados suena estridente hoy en día, con la inseguridad galopante y experimentando el auge de las telecomunicaciones, en donde cada vez más priva el estar en ningún lugar y desde ese sitio en tránsito o aislado, convivir con grupos a distancia, que mucho contrasta con permanecer en un sitio mirando a los ojos mientras se escucha a los otros y se recorren caminos de la imaginación. En el espacio privado de una estancia, todo cobra una dimensión que se agiganta y a su vez, la sala teatral amplifica ese registro de la realidad contaminado de la ficción y la autobiografía, en el que lo personal y lo colectivo, producen una zona fronteriza de la fantasía, el deseo y el recuerdo. La tradición enciclopédica del siglo de las luces y las gestas intelectuales de la Ilustración, se cocinaron en bibliotecas clandestinas y haciendo sala, departiendo con ilustres comensales y llevando a la tinta esas batallas conceptuales y etimológicas, que más tarde se expandieron en los cafés, los periódicos y las revistas. Entre las ideas afrancesadas de las tertulias y los cafés vieneses, se batieron en duelos verbales y de ingenio escritores, artistas, periodistas, políticos, conspiradores y líderes opositores lejos de la torre de marfil del poder, bohemios que expandieron los límites de la conciencia y vanguardias que se propusieron dinamitar los símbolos y las estructuras decadentes de su tiempo. De esas encrucijadas abrevaron publicaciones literarias, artísticas y políticas, así como las fuerzas vivas de la cinefilia que emprendieron más tarde las gestas cineclubistas.

El Centro Histórico es un laboratorio de propuestas y proyectos, que desde estas calles alimentan el enorme enjambre de expresiones, en las que han surgido espacios que van ganando su lugar y trabajan en la construcción de públicos. Fundado en 2009, el Foro A Poco No ha cultivado el cabaret, el monólogo y espectáculos multidisciplinarios, y ahora ofrece funciones matutinas para acercar al público infantil y enriquecer la oferta que se da en esa zona del corazón de la ciudad, abriendo las puertas de este espacio a espaldas del teatro Esperanza Iris, ubicado en la calle de República de Cuba 49. En esa caja negra, la pequeña Iris comparte secretos que sólo brinda el tiempo: la metamorfosis es inevitable y la palabra es una forma intensa de ir hacia el centro de uno mismo y desde allí, es posible regresar a la superficie atravesando las cuerdas vocales o en el serpenteo de las tipografías y tocar almas ajenas.

Del 7 de mayo al 19 de junio 2016
Sábados y domingos, 13: 00 hrs.
Para toda la familia

Fotos: Gabo Rodríguez

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Ubicación: 
República de Cuba 49

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