Ríos de rabia e indignación

Ríos de rabia e indignación

18 Noviembre 2014
13:18
Por: 
Gabriel Rodríguez

A los estudiantes y maestros normalistas de México

El Centro es una enorme caja de resonancia para los mensajes que la sociedad despliega en sus calles, tomándolo como lienzo de asfalto y pizarra de tezontle para la escritura callejera de pensamientos masivos. Su pulso debe tomarse no sólo como dato estadístico de todos los días, sino como un trazo único e irrepetible cotidianamente. La rabia y la indignación dieron color oscuro al grito de a pie, a los contingentes lúgubres como espejos de la patria enlutada, ni rojo ni verde, negro absoluto rodeando el escudo nacional y no hay decreto que le quite gravedad al asunto. Respondiendo a una convocatoria de la Escuela Normal Superior, acudimos masivamente al unísono y hacer ver la indignación nacional por el genocidio de Iguala, Guerrero del 25 y 26 de septiembre pasados. Por eso los gritos ahogados y la rabia apagando los ánimos.

No es para menos, vivimos tiempos oscuros y esas expresiones cívicas son luminosas porque expresan el malestar pero muestran las resistencias a ser sólo testigos. No es nada nuevo y por eso mismo es ya una tradición cruzar el primer cuadro rumbo al Zócalo para externar masivamente los motivos de una lucha en nuevos tiempos, donde la calle de Madero ha dejado de ser la vía de entrada a la plaza de la Constitución, dando el turno a la de Cinco de mayo como arteria peatonal para el milpiés de mil cabezas. En el ombligo de la urbe, se amplificó el repudio a la impunidad y la exigencia de justicia. En estos tiempos, visitar el Centro Histórico puede brindarle al viajero una muestra de lo politizado de los habitantes de la ciudad y llevarse una postal del grito al unísono y las consignas compartidas. A esa velocidad, lo conocido en las cuadras se hizo cada vez más familiar y entrañable con amigos, maestros, compañeros universitarios y familiares, rostros conocidos y todos con el nudo en la garganta. Una enorme pinta nos representa: “Pienso, luego me desaparecen”.

La bandera nacional pintada de negro resume la extinción del estado de derecho. Y la mala noticia, es que hay una guerra civil profetizada en el himno nacional: “Un soldado en cada hijo te dio”, sólo que el monopolio de la violencia hoy en día la tiene el duopolio del crimen organizado y los gobiernos coludidos. Esa tarde del 8 de octubre, la plancha tenía encima las carpas de la Feria Internacional del Libro de la Ciudad de México y a lo largo del circuito vial fueron acomodando los contingentes alrededor de un templete con bocinas en las que se lanzaban condenas al crimen y a la criminalización de la protesta social. Hubo disfraces, parodiando a las fuerzas represivas del estado y duras críticas a los partidos políticos infiltrados por el narcotráfico. El desasosiego marcó la jornada, enrarecida aún más con las provocaciones y la cobarde agresión sobre el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y el maestro Adolfo Gilly. La lluvia no pudo llevarse la tristeza y lavar el dolor por la sangre y las vidas arrebatadas en Ayotzinapa, Guerrero.

Dos semanas después regresó la marea, esta vez con la tibia noche para llenar de veladoras el suelo y escribir un grito silencioso: “Fue el Estado”. Cerca de allí se fue formando un número 43 que iba creciendo conforme llegaban las velas. La inmensa hilera de grupos de estudiantes, normalistas, universitarios, sindicatos, y colectivos se iba acomodando espontáneamente y cuando comenzaban a hablar los oradores, todavía no habían entrado al Zócalo todos los manifestantes. Hasta el cielo dio tregua esa tarde, suspendiendo los diluvios y dejando que las nubes negras se cargaran del mal humor de la gente para estallar más lejos en un llanto y hacer germinar todas esas semillas de conciencia. Salvo el movimiento de solidaridad que ha suscitado reuniones, asambleas, desplegados, cartas, campañas de apoyo y asumiendo la convocatoria a la lucha, la información diaria aumenta la desazón por los descubrimientos incesantes de fosas clandestinas, por la parsimonia gubernamental y su negligencia, por la lentitud de sus opciones y el exasperante estado de guerra que hoy se libra con muda estridencia. La descomposición y el progresivo enrarecimiento de la realidad mexicana se da además, en un ambiente viciado por medios de comunicación dedicados a hinchar el miedo colectivo y convertir en un espectáculo la vida pública.

Los padres de los alumnos desaparecidos hicieron uso de la palabra y hasta los susurros se oían con la atención de todos hacia el templete con 43 sillas vacías. Desde las entrañas, los campesinos mexicanos clamaban en el corazón del país por la vida de sus hijos. El acto tenía la sencillez y profundidad del pueblo tomando la palabra con dignidad, acentuada con globos de cantoya con el 43 escrito a un costado que despegaron desde los asistentes. Subiendo hacia el cielo, su vuelo coincidía con momentos de frustración y esperanza. ¡Vivos los queremos! La hoja del tiempo nos lleva a los años 80, de otras guerras sucias, en el encierro de la cortina de nopal y lo que ha cambiado es la sociedad que está resuelta a no dejarse engañar. La enorme marcha reclama que regresen los estudiantes y se re-establezca el estado de derecho en el país. La larga noche mexicana vive breves amaneceres en la lucha por hacer regresar el día.

Mira la fotogalería completa en esta liga.

Ubicación: 
Plaza de la Constitución

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